Artículo sobre Txalamako publicado en el Diario de Noticias de Alava
Puede que su origen fuera… Y aquí la frase tiene desarrollos para todos los gustos: que si una forma de comunicarse entre caseríos, que si una manera de trabajar con las manzanas para obtener la sidra, que si un instrumento usado en los momentos festivos coincidiendo con el final del trabajo en el campo… No existe documentación que alcance tan atrás en la historia de la txalaparta y sus huellas se pierden en el tiempo así que llegar a una conclusión más o menos fiable es complicado, aunque también en esa capacidad de elucubrar hay algo divertido. Lo cierto es que ha conseguido sobrevivir al paso de los siglos, incluso salvándose de morir olvidada a consecuencia de la prohibición durante la dictadura franquista. Hoy cruza continentes gracias a determinados grupos, genera interés entre propios y extraños, suena en actos populares pero también oficiales… en definitiva, mira al futuro en un estado de salud cada vez más fuerte, aunque todavía quede camino por recorrer.
Cuenta además con buenos amigos aquí y allá que se preocupan por cuidar su sonido, su cantera, su expansión, su difusión y su conocimiento. Es el caso del colectivo alavés Txalamako, que desde 1998 viene trabajando a lo largo y ancho del territorio con las mismas armas que la txalaparta, es decir, con, en apariencia, pocos medios pero mucha energía. El camino recorrido hasta ahora no ha sido sencillo entre otras cosas porque, como sucede siempre con cualquier grupo que lleve el apellido sin ánimo de lucro, los recursos económicos han brillado por su ausencia. Pero cuando hay tanta pasión de por medio por algo, como es el caso, hasta la escasez de euros parece un problema menor.
A la agrupación se le amontonan los proyectos sobre la mesa, ideas no faltan, pero ese límite monetario hace que todo se tome con más paciencia de lo habitual. Aunque no renuncia a una propuesta que ronda la cabeza a sus responsables: que en todos y cada uno de los pueblos y rincones de Álava suene por lo menos una vez la txalaparta y dejar registro de ello.
Al fin y al cabo, el interés fundamental de Txalamako es la expansión del instrumento más allá de quién toque. «En 1998 veíamos que había mucha inquietud, ganas de conocer y practicar con un instrumento que todavía entonces era desconocido para muchos», recuerda Txema López, uno de los fundadores del colectivo que todavía sigue al pie del cañón, igual que Yogui. «Estábamos unos seis o siete txalapartaris involucrados y lo primero que se nos ocurrió fue hacer una maratón de txalaparta que terminara antes de que comenzase la San Silvestre de aquel año», describe, al tiempo que recuerda que «había muchos corredores que mientras calentaban se acercaban hasta nosotros para ver, en algunos casos, qué era aquello que sonaba y que ellos no conocían».
Fue el paso inicial (de ahí el nombre de Txalamako: Txalaparta Maratoiaren Koordinakundea), el que les descubrió que había gente con el mismo interés que ellos, que se podían hacer más cosas a lo largo del año y que había capacidad para crecer. A partir del tercer maratón los planes se fueron concretando, «comenzó nuestra vida productiva», rememoran con una sonrisa Txema y Yogui, que hoy están acompañados por Jennifer Soubies y Santi Asensio (por entonces, sus alumnos) en las labores de dirección del colectivo.
TOQUE A TOQUE El maratón gasteiztarra antes o durante las navidades es una constante que no se ha detenido ningún año desde el 98. Pero la agrupación, como es evidente, no se ha quedado sólo ahí. Ha ido sumando citas. De cara al exterior lo ha hecho, por ejemplo, con el Arabako Txalapartari Eguna, un viaje por el territorio que ya ha tenido varias ediciones aunque sin la continuidad deseada (otra vez el dinero). O con sus presencias en el mercado que se celebra cada principio de mes en el Casco Viejo. O sus subidas, instrumento en mano, al Gorbea. O, de puertas para adentro y con un carácter más didáctico, con los cursos que imparte…
«Todo va encaminado a lo mismo, a dar a conocer y difundir, a crear una gran familia con la txalaparta como punto central. Además, citas como las del mercado, las aprovechamos para buscar vías de autofinanciación con un pequeño puesto con material», describe Soubies, quien reconoce que la situación económica es más que apretada pero que «hasta cuando podamos, preferimos no constituir una asociación y pedir subvenciones, para no entrar en esa rueda».
Esos pasos encaminados a extender el instrumento también pasan por la transmisión de conocimientos, por las clases que se ofertan a lo largo del año. En este tiempo de andadura, unas 250 personas han pasado por sus manos, y aunque en el colectivo son conscientes de que ahí está la Escuela Municipal de Folklore para ofrecer también formación, saben que las plazas son limitadas con respecto a la demanda existente y que «en Musiketxea está todo establecido, es decir, dan el curso que está establecido y punto; es una foto fija, se terminan las clases y ya no hay más relación con la txalaparta», apunta Txema, a lo que Yogui añade que «por eso nosotros hacemos todo lo demás, los maratones o incluso las salidas a otros territorios, para que la gente pueda seguir tocando y conociendo».
Lo importante es seguir generando sonido. Y en Txalamako lo tienen claro: el sitio ideal para la txalaparta es el monte. Es donde nació y, por lo tanto, su medio natural. Pero ellos han llevado el instrumento por lugares de lo más diverso. Por ejemplo, lo hicieron correr en la última Korrika, con la madera flotando en el aire durante un kilómetro (después, tomaron parte en la fiesta final celebrada en la plaza de la Virgen Blanca). Y quieren repetir en la edición que está a punto de comenzar, colocando en un kilómetro el mayor número de txalapartas que se pueda para crear un sonido especial. «Nos gustaría que fuera a la noche y en medio del monte», sueñan. Además, han estado en León, tocando en una boda de un chico de Bilbao que les pidió que acudieran. O en Leganés, en un acto de una ONG. O en… Donde les llaman, ahí está aunque sólo cubran gastos. Es la consecuencia de tener un compromiso con la cultura.
Tampoco faltan a la Txalaparta Festa de Hernani, uno de los puntos de reunión más importantes en Euskal Herria, sin contar otros encuentros fuera de Álava. «La comunicación es esencial para saber qué hacen. La técnica es distinta es cada lugar y es interesante aprender», dicen.
SENCILLO PERO COMPLICADO Su apariencia puede parecer simple, pero la txalaparta esconde muchos secretos. Además no sólo se le pega a la madera. «Su parte buena, por así decirlo, es que no necesitas saber solfeo; la cuestión es tener oído para escuchar bien a la persona con la que estás tocando y ganas; cualquiera puede ser un txalapartari», describe Asensio.
La cuestión pasa, como sucede en otras muchas cosas, por hasta dónde se quiere complicar uno la vida. Y Txalamako no conoce límites. «Nos gusta buscar diferentes materiales, formas de tocar… evolucionar es lo que nos interesa», apunta Santi. ¿El truco? Sobre todo, disfrutar. La respuesta es unánime. «No hay que entender el sonido, sino dejarte llevar por las sensaciones y emociones que transmite», dice Asensio. «Son los latidos del corazón; sale de ti, en ese momento estás haciendo sonar algo que es una extensión de tu cuerpo», añade López.
Tampoco tienen reparos a la hora de explicar su pasión, de contestar a todas las preguntas que, por ejemplo, en el mercado del Casco les hacen una vez al mes cientos de curiosos. «¿Esto es africano, no?», les suelen decir. Pues no, vasco. De hecho, ellos mismos reconocen que la repercusión que tienen grupos como Oreka Tx beneficia y mucho al instrumento para que sea, cuando menos, más reconocido. «La mayor parte de la gente lo que no llega a comprender es que el sonido sea fruto de una improvisación total y por eso a veces nos piden que toquemos una canción», describe Jennifer.
EN EL DÍA A DÍA Es evidente que ilusión no falta en Txalamako, más allá de las ideas y venidas dentro del colectivo, de que algunos no puedan o no quieran comprometerse más. El caballo de pelea es el dinero, pero se va solucionando como se puede. De hecho, el grupo se acaba de inventar los txalabaskides, una especie de bonos para que cada uno pueda hacer su aportación voluntaria y conseguir descuentos en cursos y otras ventajas.
Además de en los mercados, maratones y otras citas se puede contactar con el colectivo en www.txalamako.org y a través detxalamako@hotmail.com. También se les puede encontrar en un pabellón situado en la calle Vitoriabidea número 8, su actual sede después de pasar por Zaramazulo y la Casa de Iniciativas de Abetxuko.
Todos estos caminos conducen a un instrumento milenario que sigue más vivo que nunca, cuyos sonidos resuenan en un siglo XXI en el que la txalaparta tiene futuro.

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