Un guerrero de la luz
no cuenta solamente con sus fuerzas,
sino también con la
energía de su adversario.
Al iniciar el combate,
todo lo que él posee
es su entusiasmo y los golpes que aprendió
mientras se entrenaba; a medida que la lucha avanza,
descubre que el entusiasmo y el entrenamiento
no son suficientes para vencer:
Se necesita experiencia.
Entonces él abre su corazón al Universo
y pide que lo inspire,
de manera que cada golpe del enemigo
sea también una lección de defensa para él.
Los compañeros comentan:
“¡Qué supersticioso es!
Paró la lucha para rezar, y respeta los trucos del adversario”.
El guerrero no responde a estas provocaciones.
Sabe que, sin inspiración y experiencia,
no hay entrenamiento que dé resultado.
Manual del Guerrero de la Luz, de Paulo Coehlo
.

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